La verdad no sabía mucho de este proyecto cuando empezó su filmación, y por otro lado de ajedrez sé muy poco. Lo que me llamó la atención fueron dos cosas inicialmente: Anya Taylor Joy, quien desde The Witch me conquistó, y Scott Frank, que ha escrito guiones increíbles como Logan, Minority Report y Out of Sight, y se permitió crear junto con Allan Scott esta serie limitada para Netflix. Por ahí ya pintaba interesante.

Y Netflix apostó por ella apenas salió: entró en los tops 10 en muchos países y en el equilibrio con la crítica y la audiencia, por ende mis expectativas subieron, junto con las recomendaciones de mi entorno que la vieron apenas se estrenó!

Inicialmente lo que me atrapó fue la estética. Tiene una cinematografía, diseño de sets y, sobre todo, un vestuario impecable; y tuve que quitarme la espina de saber quién había sido la responsable: Gabriele Binder, diseñadora alemana, quién comentó que incorporó las líneas del tablero de ajedrez en todo el guardarropa de Beth, la protagonista de esta historia.

Empecemos por el principio: la historia

Basada en el libro «The Queen’s Gambit» de Walter Tevis, publicado en 1983, narra la historia de Elizabeth (Beth) Harmon, una niña huérfana que aprende a jugar el ajedrez con el conserje del orfanato y descubre que tiene un talento increíble para las jugadas. Es importante confirmar que no es un biopic, es una historia ficticia.

La pequeña Beth está impecablemente interpretada por Isla Johnston, y con la que empecé a pensar que Beth tenía rasgos similares al Síndrome de Asperger, y que definitivamente confirmé con su crecimiento y la interpretación genial de Anya.

Nos van mostrando durante la serie ciertos flashbacks que nos dan pistas sobre la muerte de Alice, la madre de Beth, y vas teniendo dudas si fue un accidente o si fue decisión hasta los últimos episodios. Me hizo sentir que, a pesar de ser un hecho decisivo y traumático en la vida de la protagonista, fue llevado con bastante cautela y precisión.

El tema de la adicción de Beth en sus diferentes formas siempre fue un factor fundamental para mi enganche con el personaje: no solo nos mostró su adicción personal al ajedrez y su necesidad de descubrir a sus oponentes, sino también su sensación de incapacidad de dar su 100% sin la ayuda de una droga, y ciertos comportamientos adquiridos con el alcohol. Todo ese trance me pareció bien llevado y sutil, sin caer en el dramatismo de los genios, que estamos acostumbrados a ver en este tipo de historias.

La relación de Beth con su madre adoptiva juega un papel importante en el desenvolvimiento emocional de la protagonista, y a pesar de que no es la madre más ejemplar con ciertos temas, tiene una templanza digna de admirar y una conexión especial con Beth, siendo para mí, uno de los aspectos más importantes durante la trama.

A diferencia de muchos personajes femeninos, lo que celebro de los 7 episodios es la constante evolución de Beth, de tener una ambición eterna de ganar, y al mismo tiempo ser su propia saboteadora para lograrlo. Este punto está muy bien trabajado directoralmente, porque no nos pone en un punto de juzgarla, sino de entenderla a pesar de su «frialdad» emocional en ciertos momentos álgidos, que aplaudo totalmente.

Fuera de Beth… Qué más tenemos?

Un elenco muy bien compuesto: la relación de Beth con cada uno de los hombres que forman parte de su vida (sentimental o profesional), nos muestra un verdadero empoderamiento femenino. Ese balance entre las decisiones de ambos bandos y el respeto del contexto fue clave para evitar caer en el melodrama

Muy bien retratado el contrincante ruso principal, Vasily Borgov (Marcin Dorocinski), que da unos potentes minutos con su mirada intimidante cada vez que Beth entra en competición con él. Admito que sufría cada vez que empezaba el juego.

Y por supuesto, Mr Shaibel, interpretado impecablemente por Bill Camp, merecía mayor tiempo en pantalla. Me quedé con ese sabor de una relación inconclusa, pero entendí que la vida muchas veces es así: las personas llegan, nos dan lecciones increíbles, y drásticamente sin darnos cuenta se crea un espacio de abandono, que siempre acompañó a Beth durante todos los episodios (o al menos así lo sentí yo).

Por otra parte, es interesante que lean este reportaje del blog CHESSBASE, que aplaude lo acertado que es la serie con el tema de las jugadas, los personajes y el mundo del ajedrez!

En conclusión…

Estamos a la vista de una de las mejores series de este año. Tiene un ritmo bastante entretenido, dirección apropiada. Elegante, con una historia de empoderamiento femenino equilibrada, matices, buenas actuaciones, y al terminar de verla quedarás con una sensación de haber visto una historia emocional que, a través de un juego de ajedrez, nos muestra como la vida también se mueve de acuerdo a las fichas que elijas.

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Por adnauta

Amante del cine, de las películas (buenas y malas) y del cine independiente. No soy un crítico especializado, sólo alguien que disfruta del séptimo arte como tú!

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